Las Tunas.- Con los pies bien puestos en la tierra oscura de su finca La Fe, y el presagio tangible de que pisa uno de los suelos más secos del país, Dixan Pérez Santos rememora sus días de niñez, los correteos entre los surcos del conuco de su padre y la mirada muy seria del abuelo, augurando que el entendimiento de los cultivos no llega como arte de magia, sino con el sudor de todos los días.
Confiesa que los primeros bríos de saberle las mañas al campo le llegaron del viejo, "un campesino bueno", de esos que amanecía con las botas puestas y no conocía de postergar tareas ni pendientes. Pero el empuje mayor lo tuvo de su padre y del rigor de tener que desyerbar lo que le tocaba antes de irse a jugar pelota, cuando todavía era un niño.
Con ese compromiso, el productor, todavía joven, defiende una finca que despunta en suelo manatiense porque ha devenido un lugar ecológico, donde la ciencia se entremezcla con los viejos saberes y hay armonía con el medio ambiente. Allí echó a andar un proyecto hace 18 años y todavía no para de soñar.
DEL EMPEÑO DIARIO
En su pequeña finca La Fe, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Mártires de Manatí, Dixan no pone freno a los proyectos. No solo lo mueve el empeño de producir alimentos, sus jornadas están supeditadas a la aplicación de la ciencia y la técnica, para el mejoramiento de los suelos y lograr producciones más naturales y con mejores rendimientos.
Quienes no lo conocen tal vez ignoren que su patrimonio no es más que un sistema de riegos de hace más de cinco años que le obliga a pasarse buena parte del día moviendo mangueras y haciendo maromas para cuidar los cultivos. Pero este muchacho no entiende tampoco de imposibles.
"Me vi obligado a hacerme de los medios biológicos para poder autosustentarme y ayudar al territorio, porque ahora mismo formo parte de un proyecto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y me toca aportar al Sistema de Atención a la Familia (SAF), a los círculos infantiles y hogares maternos. Además, lo hago con mucho gusto.
"Yo produzco hortalizas y cultivos varios, y hasta ahora siempre logro buenos rendimientos. He tenido la suerte de formar parte de varios proyectos, comencé con el Programa de Innovación Agrícola Local (PIAL) y de ahí me he nutrido de todo el conocimiento posible. Me gusta mucho leer, investigar. Hoy por hoy el campo es de gente de ciencia.
"Mis primeras incursiones fueron diversificando semillas, aquello me enamoró. Agradezco mucho a la profesora Raquelita. Ahí aprendí también que con el cambio climático estamos obligados a innovar, a aprovechar los recursos racionalmente, a devolverle vida a la tierra.
"Ahora estoy inmerso en la utilización de nanofertilizantes, que es de lo más novedoso. Hicimos la prueba en la finca y aumentó más de un 50 por ciento los rendimientos; así que fue muy claro, hay que hacerle caso a la ciencia. No estudié nada de Agronomía, pero me gusta leer y he aprendido mucho. Estos productos agroecológicos son el futuro.
"Tengo cabras, chivas, puercos, gallinas... Empecé a levantar la finca con la idea de poder alimentar a mi familia, que mis hijos comieran sano, que fuera posible vivir del campo, y aunque es muy muy sacrificado, creo que lo he logrado".
UN SUEÑO QUE CRECE
Hace unos meses, cuando el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recorrió el municipio de Manatí, llegó hasta la finca de este productor. Escuchó atento todas sus aproximaciones a la Agroecología. Casi a la hora de irse le puso la mano en el hombro y le preguntó qué formación profesional tenía. Cuando Dixan le dijo que era técnico de Nivel Medio, este ripostó: "Muchacho, estás bien preparado".
No es raro verlo con su carretón cargado de viandas rumbo al círculo infantil o al hogar materno. Tampoco resulta inusual escucharlo hablar de ciencia entre sus iguales. A fuerza de tesón se ha labrado un nombre en Las Tunas y en Cuba, mérito que calzan justo sus 41 años de edad.
"Tenía el sueño de lograr los recursos económicos, poder ayudar a la familia, a mis dos hermanas pequeñas. De mis padres me llegó aquello de hacer las cosas bien, de prosperar sin dañar a nadie. Así que conjugué esta herencia y lo más noble era hacerme campesino y cultivar la tierra; de ahí, a fuerza de sacrificio, ha llegado todo. Creo que voy logrando ese sueño".