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Las Tunas.- Las celebraciones en torno al 26 de Julio son distintas, como casi todo lo que nos ha tocado vivir en este 2020. Las Tunas transita ya la tercera fase pos-Covid-19; sin embargo, lograr que la curva de la enfermedad no tenga repunte, incluye una serie de medidas que impiden actos masivos y aglomeraciones de cualquier tipo.

No obstante, el 26 de Julio es una fecha de rebeldía, de sangre y juventud masacrada en las calles. Imposible no vivir estas jornadas desde el orgullo patrio, repletos de la victoria que consigue Cuba contra la pandemia y en función de su renacer económico. Obra de una Revolución que igualmente tiene su esencia en las razones que llevaron a la Generación del Centenario a aquella mañana de la Santa Ana.

Son muchos los motivos del agasajo. Está implícito en el aplauso de las 9:00 pm y en el compromiso vital de quienes se han ido a otras tierras del mundo a enfrentar el SARS-CoV-2. También, en los tuneros que nos hemos quedado disciplinadamente en casa durante más de 100 días, de los niños que ahora salen, pero que han tenido que conformarse con muchas respuestas a medias durante estos meses; y además, en el susto necesario de quienes se mantuvieron laborando por el bien colectivo o asumiendo el desafío de las colas.

Este es un país de balas y machetes. Lo hemos demostrado por décadas. Y cuando se acerca el aniversario 67 del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, no podemos ser diferentes. Solo que el de este año es un combate por la vida y lo vamos ganando, mientras celebramos desde casa y somos fieles así, a la vida de los muertos de aquel día, por la libertad definitiva.

Eso, recordando especialmente a los cubanos que en gesto osado se aprestaron a encender el motor pequeño que impulsaría el grande de la Revolución. Eran rostros bisoños que llegaron al combate, muchos sin saber siquiera cuál sería el objetivo, pero se dieron enteros, ante las balas. Tras cada uno de ellos hay una historia de sacrificio y confianza en Fidel Castro. Sobre todo, en medio de la convicción profunda de que Cuba merecía algo mejor que gobiernos títeres y mentiras por doquier.

Luego de los sucesos se desencadenó una feroz represión, que culminó con un juicio amañado a través del cual los sobrevivientes fueron a cumplir sus penas en la cárcel de Isla de Pinos. La presión popular, sin embargo, fue enorme. Y tiempo después salieron al exilio, para regresar en el yate Granma y conseguir la plena soberanía de este pueblo rebelde.

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