loanet734Las Tunas.- Sigo sus pasos desde que estudiaba en la Universidad de Ciencias Médicas de Las Tunas. Su carrera prometía pero, más allá de cualquier vaticinio, lo que me llamaba verdaderamente la atención era su entrega y esa alma bonita que aún vislumbra cuando ejerce con amor la carrera.

La pediatra Lianet Zaragoza Ricardo lleva casi cuatro años de graduada. Hace poco más de un mes una llamada telefónica irrumpió el silencio de su hogar. Del otro lado, el interlocutor pedía: “Hace falta su apoyo en estos tiempos de Covid-19…”. Sin decir más, ella no dudó. Y desde entonces ha brindado sus conocimientos y empatía.

Podría haber pensado en que, aunque se cuide, eso implica exponerse a una enfermedad letal. Podría pensar en la angustia de su madre, en el hermano menor, hasta en los cultos de jóvenes cristianos de los cuales forma parte activamente. Pero no, ella sabía que era su deber y, aunque siempre se le dijo que dar ese paso es voluntario, sentía un compromiso consigo misma y el juramento hipocrático que hizo de defender a toda costa el bienestar humano.

Recientemente comenzó a prestar sus servicios en el centro de aislamiento Los Cocos, de esta provincia. Vía telefónica, me cuenta que se levanta cada mañana con una actitud positiva, pensando que su labor puede salvar vidas.

“Hago pases de visita, examino con mucho cuidado a los pacientes. Como en mi caso se trata de niños, tengo que ganarme su confianza, que es una parte difícil, máxime cuando una anda con guantes, nasobuco, gorro… Aunque de manera general atiendo a infantes de hasta 18 años.

“El interrogatorio se les hace a los padres a distancia, pero el examen físico sí conlleva cercanía con el paciente. Hay que examinar orofaringe, auscultar y ver la hemodinamia. Además, realizo labor educativa, explico cómo usar correctamente el nasobuco, que no deben compartir el vaso con alguien y cosas semejantes a favor de la prevención. Pero este trabajo no es solo mío, pues todos los médicos y enfermeras contribuyen en ello.

“Es válido reconocer el aporte no solo del personal de Salud, pues también hay pantristas, cocineras, auxiliares de limpieza, hasta estomatólogos y rehabilitadores que están ayudando, no en su profesión en sí, sino en tareas como recoger o repartir la ropa y llevar el almuerzo hasta los pacientes”, añadió.

Por sus dotes para la literatura y sensibilidad, Lianet pudo ser una gran escritora. Aunque todavía no abandona ese sueño, el bienestar humano es prioridad. Consciente del valor de cada vida recomienda a la población “no ocultar síntomas durante las pesquisas ni pensar que se trata de un catarro común; no automedicarse ni abusar de los antibióticos; estar atentos ante la aparición de cualquier síntoma y, si fuera así, acudir rápido al médico”.

En cuanto a la respuesta familiar en torno a los pequeños en casa afirma: “A los niños hay que manejarlos con paciencia, ellos son inquietos por naturaleza, pero la idea es que no estén jugando en la calle ni con otros amigos dentro de la vivienda. Recordemos que no hay manera de saber quién está infectado en un primer momento. Hay que buscar estrategias en el hogar y dedicarles tiempo. Jugar, conversar con ellos y cuidarlos son elementos claves en este proceso”.

Cuando termine el servicio, ella estará en vigilancia por precaución y, luego del tiempo requerido, podrá incorporarse normalmente a sus labores. Lianet forma parte orgullosa de ese ejército de batas blancas que hoy defiende no solo el presente, sino también nuestro futuro.