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Las Tunas.- Breijo, tienes un traslado en Puerto Padre. Caso de gravedad.
(Entrevistado y entrevistadora cruzan miradas)
- Bueno Breijo, y ahora, ¿qué hacemos? ¿Cuándo nos vemos?
- Mañana, aquí, a las 8:00 de la mañana.

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Los imprevistos de la vida. Esos los que por mucha anticipación y cálculo siempre sorprenden y generan tensión, miedos, angustia… resolución. Una tormenta de sentimientos, pura adrenalina.

Pasión y drama. Lo mismo puede ser una embarazada en la urgencia del alumbramiento, un corazón cansado de latir, un accidente, "un trauma craneal, paro respiratorio, trombosis, una caída, una fractura…siempre enfrentamos algo, a diario". Así resume Alfredo Breijo Cabrera, paramédico-chofer integral, su trabajo; el mismo que le llena de orgullo porque nada ofrece más placer que "sentirse útil y saber que esa persona regresará a casa con su familia". 

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Es el 6 de abril. Un día feliz para Iliana Pérez, el primer caso en Las Tunas con el diagnóstico positivo a la Covid-19. Hoy será dada de alta, atrás quedan la espera, el dolor, la culpa; ahora solo hay espacio para el agradecimiento y el alivio.

-"Pero, ¿ustedes otra vez?" - expresa ya con una sonrisa la mujer de 38 años ante la presencia de la tripulación de la ambulancia 010. Iliana ha superado la pesadilla y "el dolor constante en el alma".

"Viste, mi esposo me decía que estaba bien y menos mal porque ya mira, para la casa los dos", le dice la residente en la comunidad de Guayacán, en el municipio de Jesús Menéndez, a Yamilet Fernández Ávila, madre de dos jóvenes, internacionalista y emergencista; Yamilet, que la acompaña en el camino de regreso, fue antes sostén y apoyo en aquel otro viaje preñado de sustos.

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La enfermera Yamilet, el paramédico Breijo y el doctor Frank Villares Viamontes reciben la información, tienen a su cargo el traslado hasta la provincia de Holguín de la primera paciente positiva en Las Tunas al nuevo coronavirus. Comienza entonces el ritual, ceremonia salvadora ante la sombra del SARS-CoV-2: piyama, dos batas verdes e igual número de pares de guantes, nasobuco, gafas y botas, cloro e hipoclorito. Situado cada uno en su función y puesto, la ambulancia 010 inicia el viaje.

Yamilet, recuerda: "Iliana comienza a conversar vía telefónica con el esposo, él le dice que está bien y ella le refiere que también va para el Hospital Militar. Entonces me pregunta: «¿Será que está bien o me lo dice para que no me preocupe?» Yo le respondo: «Tranquila, él está bien»". Había mucha ansiedad en el ambiente.

Ya en la instalación de salud, el equipo entrega a la paciente. "Como ingresaba en una nueva unidad, ella debió retirarse la bata, la mascarilla, las botas y todo se depositó en una bolsa desechable. Nosotros, tras dejarla en el lugar nos despojamos del primer par de guantes y la primera bata, luego fumigamos con hipoclorito el carro, el cual se cerró y tras unos minutos volvió a abrirse para ser lavado y otra vez clausurado. Entonces procedimos a quitarnos la segunda ropa, ya con el piyama nos dirigimos a bañarnos, vestirnos otra vez y, bueno, a retornar".

En esos momentos toda precaución es poca y cada miembro del equipo cuida por la seguridad del otro. "Aunque estábamos tranquilos, siempre queda cierta preocupación. Uno siempre tiene dudas; pero habíamos tomado todas las medidas", subraya.

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Llegar al hogar y contarlo fue complejo. La madre de esta enfermera con 24 años de experiencia, tiene una diabetes mellitus, es cardiópata, hipertensa y padece una insuficiencia renal.

" Al lado de mi casita, en el municipio de Majibacoa, viven mis padres. Le comuniqué a mi mamá que había trasladado una paciente positiva y que necesitaba que se mantuviera aislada de mí. ¡Imagínate, todos preocupados! y enseguida preguntando si me había puesto guantes, nasobuco, si me había cuidado… Me tranqué en la casa hasta que 14 días después me incorporé a trabajar".

Por su parte, Breijo, el paramédico, dice no haber sentido temor: "Ya había enfrentado en Pinar del Río un brote de cólera en el puerto de La Coloma. Así que no era extraño para mí trabajar con este rigor. Me parece que al coronavirus lo burlo con cuidados extremos, soy muy exigente con la enfermera, con mi propia protección y con la seguridad de todo el carro. Estábamos venciendo al miedo y al coronavirus".

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Varias son las claves profesionales y personales para realizar este trabajo. Ellos que se enfrentan a situaciones imprevisibles saben que esta es una labor en la cual "todos los días aprendemos un poquito más", dirá Yamilet. "Fe y confianza", sentenciará en otra oportunidad para referirse a esos "asideros" en momentos en los que una vida depende de cuán ágiles y diestros sean. El amor no puede faltar, "gusto diario por cuánto se hace", afirma Breijo, el hombre que goza de hacer partos, porque nada se compara con el acto del nacimiento.

En medio de tanta tensión, predomina la calma. Cuando la situación escala en intensidad, hay que tomar, literalmente, al toro por los cuernos. "Aquí es donde se salva la vida. Lo que nosotros apliquemos en el móvil es vital para el posterior trabajo en la Unidad de Cuidados Intensivos Emergentes (UCIE). Y te digo, es muy duro perder a un paciente. En cambio, da un gran orgullo saber que una persona regresará a su casa también gracias a nuestro trabajo".

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Es domingo, 24 de mayo.

-Breijo, tienes un traslado en Puerto Padre. Caso de gravedad…

La entrevista, entrevista a trompicones, deberá interrumpirse. El deber llama y el equipo de la ambulancia partirá, otra vez, en busca de la vida. Después y en un diálogo que tampoco será reposado, Alfredo Breijo, el paramédico, contará de las cerca de siete horas atendiendo a aquella paciente y de la dicha posterior de verla recuperada. Entonces confesará: "¡Ay! ¿Qué te voy a decir?, me motiva el momento, cuando tengo que aplicar una clave once y activar la sirena para llegar rápido, salvar una vida; hay algo que me llena por dentro y que me hace sentir que soy útil, que esa vida depende de mí".

Los imprevistos de la vida generan tensión, angustia, adrenalina. Por contradictorio que parezca también calma, preparación psicológica, mente fría y corazón cálido. Si el nuevo coronavirus desata una "tormenta de citoquinas", en el interior de las ambulancias, voluntades firmes le plantan pelea bien a la Covid-19, o a cualquier sombra de mal.