gasolinaplasticos

El video de unos jóvenes de Manatí obteniendo gasolina a partir del plástico se hizo viral por estos días en Internet. La revista cubana Juventud Técnica profundizó en el asunto y publicó la opinión de un experto. Más allá de la escasez de combustible que afronta el país o la capacidad inventiva, la balanza se inclina hacia el alto riesgo al que se expusieron y evitar que otros realicen acciones tan peligrosas.

La Habana.- Con mucha curiosidad recibí la pregunta, de mi amigo de los años, sobre la factibilidad y seguridad de fabricar gasolina sintética a partir de plástico. La innovación la hicieron viral en redes unos muchachos cubanos (Dairon Matos y Heriberto Silva) para los que no tengo sino buenos pensamientos. Vivir esta crisis colectiva ha sido una prueba durísima en muchos sentidos, y nosotros somos una nación que vive gracias a la capacidad de adaptabilidad, inventiva y la mar en coche. De hecho, para poder andar en coche (bueno, o en moto) hace falta combustible.

El petróleo cubano tiene mucho azufre y eso crea todo tipo de dificultades a la hora de refinarlo, lo cual, unido a su escasez, hace a esa fuente de energía inviable a largo plazo. En este breve artículo comento algunas características del proceso alternativo de obtención de gasolina a partir de plástico, así como su potencialidad y los peligros asociados al diseño de reactores químicos sin cuidado.

Pero, pero, pero, ¿¡cómo!?
En principio parece contraintuitivo que sea posible hacer gasolina a partir de plástico, siendo ambos tan diferentes en cuanto a apariencia, estado de agregación y demás propiedades físicas. Sin embargo, esa ciencia maravillosa y sorprendente que se llama Química permite hacer transformaciones entre compuestos que pueden rozar la ciencia ficción.

Los plásticos, por ejemplo, son materiales formados por polímeros y otros aditivos. Los polímeros son estructuras moleculares muy largas en las que se repite casi infinitamente una unidad más pequeña que se llama monómero. Existen muchos tipos de polímeros (o co-polímeros, en los que hay monómeros diferentes) como son las poliamidas, los poliésteres, los poliuretanos, los polivinilos… y muchos más.

En resumen, los polímeros presentan en su estructura cadenas carbonadas (o sea, de átomos de carbono enlazados unos a otros formando una cadena) que si se fragmentan en pedazos más pequeños puede dar lugar a una mezcla de hidrocarburos que sea un combustible funcional.

Para fragmentar cualquier cosa, desde un trozo de madera hasta una molécula química (el polímero en este caso), hay que perturbar el sistema con energía. La energía puede darla un brazo serruchando una madera, o la puede dar el fuego para romper los enlaces en el plástico. El proceso de degradación térmica de plásticos para producir combustibles se llama pirólisis, que se lleva a cabo en ausencia de oxígeno.

Para hacer realmente eficiente este proceso es recomendable añadir otros compuestos que actúen como catalizadores para acelerar la reacción, incrementar la selectividad y disminuir su temperatura. Catalizadores para este proceso hay muchos, pero en el contexto cubano las zeolitas pueden ser de mucho interés, porque hay tres yacimientos productivos en nuestra Isla (Villa Clara, Camagüey y Holguín).

¿Es peligroso lo que hacen los muchachos en Las Tunas?
Sí, muy peligroso. Después de ver esta innovación, muchos serán los cubanos que tratarán de hacerlo, movidos por la escasez. Pero, en efecto, este tipo de diseño artesanal puede explotar en cualquier momento. Después de ver la entrevista que ofrecieron los muchachos y que circula en redes, hay algunas cuestiones que ellos comentan y que llevan alguna aclaración para evitar males mayores; por ejemplo, la afirmación de que el reactor que han concebido “no explota” porque involucra solamente especies gaseosas: esto no es cierto, los gases sí explotan; por otro lado, el escalado que estos muchachos proponen me parece una gran imprudencia.

Si la vida me pusiese en una situación tal que yo tuviese que hacer gasolina a partir de plásticos, yo tomaría todo tipo de precauciones que lamentablemente estos muchachos no toman.

Por ejemplo, haría el condensador lo más largo posible (lo que los muchachos llaman serpentín); nunca lo haría tan cerca como muestran en su video. Una vez puesto en marcha el reactor, nunca me pondría cerca de él, ni siquiera a cinco metros; si hace falta recargarlo con más plástico para que siga produciendo, pues amarraría una pala con varios palos y lo haría todo desde la distancia mayor y más prudente, e incluso estando lejos, con una buena careta, una buena chaqueta de bombero (con aislante de amianto), un extintor por supuesto, y sin niños a varios kilómetros a la redonda.

En lugar de incentivar a mis compatriotas a que se pongan a hacer gasolina artesanalmente, yo estoy del lado de hacer el proceso con la seguridad y el adecuado diseño (que no es muy complicado, el diseño digo). Los excelentes ingenieros químicos de la Cujae están más que capacitados para eso, y el Ceinpet, donde trabajó mi padre más de 40 años, ha estado capacitado para procesos mucho más complicados desde hace décadas.

Además, seguro hay en Cupet todo tipo de especialistas calificados para esto. La innovación de Dairon y Heriberto puede ser (debería ser) un estímulo para que las instituciones encargadas den un paso audaz y desarrollen este tipo de proceso, que puede ser muy útil para nuestro país. Yo creo que la idea de hacer una pyme es excelente, y los muchachos podrían participar. Yo creo que se puede.

He visto accidentes horribles de varios amigos en laboratorios de química (pestañas quemadas, ojos lastimados con cosas que no deberían explotar y explotaron) y he tenido mis propios accidentes (me he quemado todo el brazo derecho hace años: una vez, por un accidente por mal manejo de ácido nítrico concentrado que no es explosivo en principio… conservo las marcas). En Cuba, además, ha habido accidentes lamentables en depósitos de disolventes volátiles. Visto lo visto, lo más probable es que yo, en lugar de hacer mi gasolina, vaya en la guagüita de San Fernando: un ratico a pie y otro caminando.

*Resumen científico del autor:

El doctor en Ciencias Manuel Antuch es investigador titular del Centro de Aplicaciones Tecnológicas y Desarrollo Nuclear (Ceaden). Ostenta numerosos reconocimientos por su actividad científica; entre ellos, el Premio al Joven más Destacado de la Sociedad Cubana de Química 2022, Premio a la Investigación Científica de la Academia de Ciencias de Cuba (co-laureado) 2015 y Premio al Estudiante más Destacado de la Sociedad Cubana de Química 2013. Además, el doctor Antuch ha impartido docencia de posgrado (en Francia) y de pregrado (en Cuba y en Francia) y forma parte del claustro de la Maestría en Química, de la Facultad de Química, Universidad de La Habana. Fue miembro del subgrupo Nanobiología y Nanomedicina del Grupo de Trabajo Temporal de la Academia de Ciencias de Cuba, creado en el año 2021 a solicitud de BioCubaFarma, para actualizar el desarrollo que han tenido en el mundo y en Cuba diferentes áreas del saber que han contribuido al desarrollo de las Ciencias de la Vida en su vinculación con las ciencias básicas y las ingenierías, las Neurociencias, las Nanociencias, las Ciencias de Datos, entre otras.

 

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