noel

Las Tunas.- Noel Diéguez González tiene el aroma del campo adherido a la piel. Se autodefine como un ganadero viejo, de los que conocen los caprichos de la tierra y entienden el brillo limpio de la mirada de los animales. Asegura que su oficio "no es empresa fácil", porque hay que conocer los "vericuetos" tras los potreros, perderle el miedo al sol y aceptar que "uno sale antes del alba y regresa a casa con la noche sobre la cabeza".

Confiesa que son muchas primaveras ya con las botas calzadas desde antes del amanecer. Todos los días se levanta a las 2:00 de la mañana, va a la sala de ordeño para la primera faena, a eso de las 3:00 am se permite el desayuno. Ahí es cuando el café bien cargado le despabila el rastro de sueño que a veces se le esconde en los parpados. Y de ahí pa' afuera otra vez.

"A veces llego al mediodía, me doy un bañito, almuerzo y con la misma pa' atrás. La mujer me pelea de vez en cuando, pero es que ahora falta fuerza de trabajo en la vaquería y me toca montear a los animales. Estoy todo el día en el potrero. En ocasiones me cogen las 9:00 pm y aún sigo a atrás de las vacas".

Noel tiene ya sus mañas. Él asegura que para que haya un mayor acopio de leche el ganado no puede ponerse a dormir a las 6:00 pm, hay que extenderle una hora y media más; de esta manera se alimenta mejor y se ven los resultados, aunque por supuesto eso entrañe sacrificios adicionales.

No es un trabajador común. Tiene la responsabilidad de ser el jefe de Unidad de la Vaquería 16, de la unidad básica de producción agropecuaria (UBPC) Maniabo, aunque el cargo no le ahorre ni pizca de esfuerzo físico. Bajo su cargo están 196 animales y cuenta con orgullo que su tropa está inmersa en las rutinas del doble ordeño.

Ha tenido otras responsabilidades. Recuerda que cuando laborada en la Vaquería 15 acopiaron durante dos años seguidos 100 mil litros de leche de vaca. En su actual unidad no llegan a estas cifras, pero sus metas se perfilan hacia esos horizontes.

UBPC maniabo vacas
"Mi vaquería es afortunada. Tengo un área grande con plantas proteicas que le provén alimentos al ganado y me permiten enfrentar la sequía que siempre golpea fuerte en estas tierras. El año pasado fue muy seco y ahora estamos almacenando heno y preparándonos para lo que pueda venir".

Noel cuenta que no tiene pérdidas en su vaquería. Cuando se le pierde una vaca montea duro hasta que aparece y entonces es que puede descansar. De su padre le viene toda la sabiduría de la ganadería, aunque la experiencia también ha puesto lo suyo.

"Yo tengo un ojo clínico para conocer el ganado. En una semana me aprendo el nombre de todas las vacas. Ellas entienden cuando uno las llama por su nombre. Cuando yo le digo ven Margarita, ahí viene mandado el ternero… y cuando falta una yo sé exactamente cuál es porque las conozco, se sus características, cual es más remolona y más arisca.

"De la ganadería me gusta todo. Yo cojo un día de franco y voy a visitar a mi mamá, y a eso de las 4:00 de la tarde ya siento que me falta algo, es que me ala la vaquería. Y también está la responsabilidad, hay que prevenir el hurto y sacrificio de ganado, sobre todo, ahora que la vida está tan difícil".

Aunque Noel se sacrifique hasta los límites, aún faltan cuestiones elementales que garantizar en la Vaquería 16 como en otras tantas del territorio. Lamentablemente, aún muere mucho ganado por falta de medicamentos, la sequía golpea fortísimo la masa vacuna y la deprime.
En su unidad ahora tiene 29 vacas en ordeño y augura que este será un buen año, porque habrá muchos nacimientos. Verlo montear a los animales reafirma sus palabras. Parece más joven sobre el caballo. Vocifera a Moraima que se ha quedado rezagada, no le pierde la pista bajo un sol desafiante y aun así se acerca con el rostro iluminado, amable hasta los huesos, y declara, "yo más que el jefe soy un ganadero comprometido".

 

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