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La incorporación de más patios a la búsqueda de la soberanía alimentaria es hoy un proyecto capital, tan necesario como esperanzador

Las Tunas.- Un movimiento cobra vigencia en tiempos de Covid-19. Las iniciativas de sembrar nuestro pedacito, que durante años se promovió, nunca debió mermar. La producción de alimentos en áreas urbanas y suburbanas ha demostrado que sí se puede obtener resultados de la tierra con pocos recursos; la atención y los deseos bastan para tales rendimientos.


Ante tan importante reclamo, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en la provincia impulsa este quehacer de antaño y suma más patios a la labor. Las parcelas que en la actualidad se perciben son muestras de una agricultura familiar que, como alternativa de autoabastecimiento local, avalan la veracidad de la conocida frase de que, para recoger, hay que sembrar.


“Incentivar en la mujer la producción de alimentos es una de las actividades que hoy resulta vital para el desarrollo”, enunció Yaneidys Pérez Cruz, secretaria provincial de la FMC. “Motivadas por el venidero aniversario 60 de nuestra organización, identificamos igual número de patios en zonas urbanas, desde los cuales se pueden promover no solo las siembras, sino además, la acuicultura y la crianza de aves”.

Según explica, “a través de un consenso con la Agricultura del territorio asientan las bases en cada uno de estos sitios en los ocho municipios y en correspondencia con sus condiciones se valora qué programa agropecuario pueden llevar a cabo”.


Así, unas familias se dedican a la cría de aves, a otras les venden 15 variedades de semillas para los cultivos; algunas aprovechan los espejos de agua para el fomento de tilapias, tencas, clarias y colosomas, y varias desarrollan los tres programas en general.


Un recorrido por el reparto San José, en el municipio capital, nos llevó hasta predios que destacan por sus logros. El sacrificio de Yelenys Gallar Figueredo, por ejemplo, ha sido premiado con sostenidos rendimientos avícolas.


Tal y como lo refiere, “anteriormente nos dedicábamos a la cría de cerdos, pero dada la situación con el déficit de alimento animal y la premura de garantizar un sustento para el pueblo, nos decidimos por las aves, que son de ciclo corto y en 45 días están listas para consumir”.


Esta joven de 28 años de edad atiende a cerca de 40 pollos, repartidos en las variantes camperos, de ceba y semirrústicos. Lo hace en espacios aledaños a su vivienda y confirma que “no es una tarea muy compleja, solo hay que ponerle interés y constancia”.


Foto 2 Teresa

Hasta el hogar del matrimonio compuesto por Teresa Céspedes y Juan Carlos Ávila, llegamos para conocer su labor. Allí, en el patio, han sembrado ajonjolí, plátano, limón, mango, cilantro, ají, fruta bomba, guayaba, naranjas…; fomentan las plantas medicinales, crían aves y conejos, y en un reservorio de agua cosechan alevines de diversos tipos. Esos pescados ya los han saboreado ellos y sus vecinos, pues “ha habido para repartir”, asegura Teresa.


“Con estos peces no tenemos problemas, a veces les 'tiramos' alguna comida, pero en otras no les damos nada y ellos se alimentan de cualquier cosa, no es difícil su fomento”, añadió.


Foto 4GelmisGelmis Reyes también pertenece a este movimiento. Sus hijos la ayudan mucho para que los cultivos avancen y pueda sacarle a la tierra el máximo. Todo lo que siembra se da, hasta en una pequeña loma tiene un cantero de frijoles y su motivación es tanta que se embulló y sembró café. “Ahora quiero vincularme con la rama avícola para que me den 100 pollos. Los atenderé y seguro que van a dar buenos rendimientos, como el resto de mis parcelas”, afirma con seguridad, Gelmis.


Con casi 70 años, esta mujer se declara enamorada permanente de la agricultura, sin que su esposo Soto se ponga celoso. Aun cuando no paren algunas de sus nacientes plantas, ella no pierde las esperanzas. Y si pasan ciclones y los sembrados no corren buena suerte, Gelmis y su hijo Eddy los volverán a poner en pie. Comenzarán de cero, pero nunca abandonarán la idea.


Cada día, estas familias “fertilizan” con empeño sus jaulas, pozos y surcos; les sacan el máximo provecho para ellos y su comunidad, al tiempo que dan una viva muestra de lo que es no quedarse de brazos cruzados ante una época difícil

Comentarios   

# Andrés R 19-06-2020 15:13
Esto ayuda un poco a solventar la alimentación de alguna manera, pero también va contra los principios de la higiene en la ciudad, soy del criterio que hay que fomentar o potenciar la agricultura urbana con nuevos organopónicos y también sembrando la cantidad de tierra que hay sin cultivar. En cuanto a los animales es un tema complicado.Con la rehabilitación de los Mercados Campesinos se resuelve el problema de las carnes, además de las frutas, viandas y vegetales. Todos recordamos que cuando funcionaban se compraba la carne de cerdo, guanajo, pollo , ovejo, conejo.
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# Andrés R 19-06-2020 15:21
En el comentario anterior no completé la información, en el caso de Las Tunas, se eliminaron todos los kioskos de ventas de viandas y hortalizas, lo que hacia que el pueblo tuviera casi en sus manos estos productos. Se construyeron dos hermosos mercados el Tunero y el Mambí, pero ésto no está al alcance de todos por que las personas tienen que trasladarse muy lejos para adquirir algo. Si hoy se permitiera vender en kioskos la situación fuera otra.
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