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La Habana.- Es increíble, pero cierto. Personajes como Trump y Pompeo piensan todavía que su país tiene el derecho natural de diseñar y llevar adelante cambios de gobiernos y de sistemas sociales, como si se tratara de un simple quita y pon de corbata, o una apuesta en un juego de póker.

Todo ha sido concebido con la desfachatez característica de quienes han elaborado el miserable plan: el secretario de Estado de  EE.UU., Mike Pompeo, y el representante especial de Trump para Venezuela, Elliott Abrams.

La propuesta es muy "sencilla": Si Venezuela renuncia a su soberanía e independencia, entrega sus recursos petroleros a compañías estadounidenses, acoge al neoliberalismo como modelo de "salvación" ante la crisis, y pisotea las decenas de procesos democráticos de carácter totalmente popular, que han elegido el modelo de Gobierno y a las máximas autoridades del país, entonces Trump levanta las sanciones.

Un día después de proclamar esa exigencia en forma de plan, donde se pone la dignidad como moneda de cambio, la administración "buena" de Estados Unidos eliminaría las crueles medidas restrictivas contra la nación bolivariana; sanciones, por demás, ilegales, injerencistas, y catalogadas por los organismos internacionales como genocidas.

El exjefe de la CIA y hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, reveló la nueva "propuesta", cuyo primer objetivo es sacar a Nicolás Maduro del poder -olvidando que es el presidente electo democráticamente-, y durante un supuesto "período de transición", conformar un gobierno sometido a los designios de Washington.

En el diseño se plantea realizar elecciones entre seis y 12 meses, a las que "no puede presentarse Maduro".

"Hemos dejado claro todo el tiempo que Nicolás Maduro nunca volverá a gobernar Venezuela", dijo el arrogante Pompeo a los periodistas.

En cambio, consultado sobre si Guaidó podría ser candidato en los nuevos comicios, contestó: "Absolutamente sí". Aseguró que "el apoyo de Estados Unidos a Guaidó continúa, y esperan que el mismo sea elegido presidente de Venezuela".

Consagrado a ser cínico, el secretario de Estado exigió que el "proceso electoral" que el Gobierno de Trump ha concebido sea validado por organismos internacionales. Léase la OEA, y recuérdese lo sucedido en los últimos comicios en Bolivia, como lo más cercano en el tiempo respecto a derrocar gobiernos populares.

Es increíble, pero cierto. Personajes como Trump y Pompeo piensan todavía que su país tiene el derecho natural de diseñar y llevar adelante cambios de gobiernos y de sistemas sociales, como si se tratara de un simple quita y pon de corbata, o una apuesta en un juego de póker.

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