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El Consejo Nacional de Patrimonio otorgó al tunero Ricardo Ávalos Avilés, un reconocimiento especial por su entrega de décadas a la labor en los museos. Actualmente se desempeña como responsable del Registro Provincial de Bienes Patrimoniales y fue el único de los expertos del oriente del país distinguido este año durante las celebraciones por el Día Internacional de los Museos.

Las Tunas.- Me gustan las oficinas que huelen a tinta, a papel añejo, donde nada parece estar en su sitio. Tengo la certeza de que no son espacios regados o húmedos, sino marcados por la complicidad del trabajo exhaustivo y a deshora. Eso sentí cuando Ricardo Ávalos abrió para mí la puerta suya.

Habíamos coincidido antes en algunos lugares, pero nunca para conversar largo rato. Un hombre campechano, de verbo fácil, mirada sensible y un profundo conocimiento de la labor museística y su impacto en la sociedad. Eso lo sé, porque conozco de sus años de trabajo constante, lo mismo en épocas duras que en aparentes tiempos más felices.

Me dice que, después de perder a su madre, son su hijo, su nieta y el Museo Provincial de Las Tunas, el todo de su existencia. Le creo. Por eso prefiero no preguntarle del reconocimiento que me sirve de excusa para el diálogo; lo dejo hablar y me limito a escuchar parte de la historia de su vida, reverencia a la entrega y al amor.

“Después de numerosos esfuerzos ingresé en las filas de un colectivo aguerrido que iba a conformar posteriormente el Museo Provincial. Desarrollamos una labor de rescate del patrimonio que se encontraba en poder de las personas naturales, familias de mártires, veteranos, todos objetos invaluables que fueron engrosando los fondos del lugar. En esos tiempos de los años 80, del siglo pasado, se hablaba del “museíto”. Era eso, un local.

“Estaba en lo que en la época de la colonia había sido sede del Cuartel de Caballería, monumento local de aquí de la ciudad de Las Tunas. Y era ahí, con apenas espacio para exponer las colecciones, donde felizmente inauguramos el museo que era histórico propiamente dicho.

“Cuando abre las puertas el museo en su sede actual, ya tiene un carácter polivalente porque atesora colecciones de numismática, de ciencias naturales, de artes decorativas y, por supuesto, los fondos de la historia de la región de aquí de la provincia de Las Tunas, que se han ido enriqueciendo”.

Ha sido un camino largo…. Más que preguntar, asevero.

“Hay momentos que para mí son imborrables. Entre ellos no olvido los viernes culturales, una actividad que se hacía todos los viernes en horas de la noche y acogía a gran cantidad de público, muchos se fueron volviendo asiduos. Allí se promovían los fondos de la institución con una sección denominada: ¿Qué traigo aquí?

“Otro de los momentos que me impactan fue en 1987, cuando vino la Prima Ballerina Abssoluta Alicia Alonso. Tuve la posibilidad de darles lectura a las palabras de apertura de la exposición con fotografías relacionadas con el ballet Giselle, muy paradigmático en el quehacer danzario de Alicia. Me marcó estar a menos de un metro de una mujer que ha dejado una huella en la cultura y en la sociedad cubana.

“Igualmente, el desarrollo de cursos infantiles y círculos de interés porque trabajar con los niños es una cosa tan hermosa, algo que cambia dentro de una persona. Pero además, los conocimientos que tú aportas a ese niño los revierte en la familia, lo comparte y ya entonces ese conocimiento que tú habías depositado en una primera persona, ya está en una tercera que lo está consumiendo y es el objetivo fundamental de los museos. No pueden verse como almacenes de trastos viejos.

“Porque el museo también se nutre de lo que estamos haciendo en la actualidad y cuando el museólogo es creativo, interioriza y le entra ese virus de la museología hace cosa fabulosas y hace que la gente se sienta fabulosa dentro de un museo”.

¡Y qué difícil es eso! Más que preguntar, lo provoco…

“A veces nos dejamos llevar por la rutina. Por lo mismo que hacemos todos los días, por las limitaciones materiales de la mayoría de los museos de nuestro país, por razones que todos conocemos. Pero el museólogo, no solo el especialista, todo el colectivo tiene que estar en la capacidad de promover, pero para ello, fundamentalmente en los museos, se debe impulsar la investigación de los fondos.

“Cuando tú seas capaz de hurgar en cada uno de los vericuetos que hay en cada uno de los objetos que se exponen, o de los objetos que se almacenan, que la mayoría de los casos el porciento de los fondos es superior, cuando ese personal que labora en el museo sea capaz de hurgar profundamente, vamos a ver que todo va a tener otra mirada siempre. Las iniciativas importantes tienen que ir por encima de esa quietud, de ese inmovilismo que nos está lastrando mucho.

“Ejemplos claros aquí en la provincia tenemos algunos como el museo Grave de Peralta, de Puerto Padre. Una institución que hace ya algunos años tiene cerradas sus salas, pero cuenta con un personal capacitado, muy revolucionario, que trata de buscar alternativas para promover los objetos que están almacenados”. 

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