Viernes, 14 Julio 2017 04:30

El Guerrillero de todas partes

Escrito por Graciela Guerrero Garay
El Guerrillero de todas partes Archivo de la Autora

La historia no cabe en dos cuartillas. Tampoco podrán ignorarlo, aunque quemen su partida de nacimiento o algún fenómeno extraño borre la memoria del siglo XX.

Habrá huellas sobre los 4 mil 500 kilómetros que recorrió por las regiones más pobres de Argentina y le abrió los ojos ante la desigualdad de América. La Sierra Maestra hablará de extensas caminatas y los poemas inmortalizarán el elixir de su esencia. Che Guevara es Che Guevara.
Julio es la carga de coraje que empujó a desafiar el asma a Teté, como le puso de sobrenombre Carmen Arias, la gallega que le cuidaría hasta la segunda infancia. Para los padres, era simplemente Ernestito. Quizás nunca imaginaron que el amado hijo se convertiría en Dios y senda para millones de personas en el mundo.
El primogénito de los amores de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna fue el máximo mito revolucionario de la pasada centuria. Todos los caminos de entonces quisieron traerlo a Cuba, después de viajar por la Patria Grande.
En Guatemala conoció a varios exiliados antillanos que participaron en el ataque al cuartel Moncada y hace una sólida amistad con Antonio Ñico López, quien le pone el apodo de "Che" por las veces que usaba esa palabra, típica del dialecto rioplatense.
Para esta fecha, sus ideas tenían un compromiso político profundo y mostraban clara simpatía por el comunismo. En 1954 la patria de Juárez es su próxima parada, adonde lleva la experiencia acumulada durante los sucesos guatemaltecos.
Ingresa en 1955 al Movimiento 26 de Julio, pues en junio de ese año conoció a Raúl, radicado en México para esperar la llegada de Fidel. El 7 de julio el eterno líder de la Revolución, Fidel Castro, le propone unirse como médico. Acepta y se convierte, tal vez sin concebirlo entonces, en figura relevante de la lucha contra el tirano Fulgencio Batista.
Será también uno de los dirigentes más amados por el pueblo después de la victoria de Enero de 1959, tras la cual ocupó diferentes cargos hasta decidir la partida "hacia otras tierras del mundo", para continuar su vida revolucionaria y guerrillera.
Los sueños que lo unen a los cubanos y multiplican su eternidad en estos días de julio, mes de gloria en la historia nacional, se desatan el 25 de noviembre de 1956 en el puerto de Tuxpan, cuando parte en el yate Granma hacia la Mayor de las Antillas entre los 82 hombres de Fidel. El 2 de Diciembre cerca de la playa Las Coloradas, en el golfo de Guacanayabo, Ernesto Guevara de la Serna se abraza para siempre a la libertad de Cuba.
Con algunos tropiezos, después de la emboscada que le hace el ejército en Alegría de Pío y muere la mayor parte del grupo, los expedicionarios suben a la Sierra Maestra el 21 de diciembre. Mientras eso sucede en las lomas, en el llano se multiplicaba el Movimiento de bandera rojinegra para apoyar a esta vanguardia, en la cual el argentino cubano ganó eternamente un lugar en el combate, la historia y la cotidianidad de nuestro país.
Estos días cercanos al 26 de Julio, su figura-faro en el Mausoleo de Santa Clara - donde descansan sus restos-, y cada batalla que libró en los finales previos a la victoria de enero de 1959 no caben en pocas cuartillas. Quizás sus propios versos sean la mejor manera de recibir su verdad y multiplicarla, tal como hizo Che en su andar por la América nuestra:
Canto a Fidel
Vámonos, ardiente profeta de la aurora
por recónditos senderos inalámbricos
a liberar el verde caimán que tanto amas.
Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera
Allí, a tu lado, seremos combatientes,
Nos tendrás.
Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos
Reforma agraria, justicia, pan, libertad,
Allí, a tu lado, con idéntico acento, nos tendrás.
Y cuando llegue el final de la jornada
La sanitaria operación contra el tirano,
Allí, a tu lado, aguardando la postrer batalla,
Nos tendrás...
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
Pedimos un sudario de cubanas lágrimas
Para que se cubran los guerrilleros huesos
En el tránsito de la historia americana. Nada más. (1956).

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