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Las Tunas.- El seminternado Jesús Argüelles Hidalgo exhibe un panorama muy distinto por estos días. Desde que se interrumpiera el curso escolar, como medida preventiva ante la amenaza de la Covid-19, el ajetreo de varias personas, con bolsos y cazuelas, advierte que la cocina de la escuela no se ha detenido. Basta una ojeada para descubrir que allí funciona un centro de elaboración, cuyos beneficios van dirigidos a las familias más vulnerables de la zona.

Luis Mayedo Labrada me cuenta que la iniciativa se materializó de un día para otro. La Empresa Municipal de Gastronomía les confirió el reto de trasladarse desde la cafetería de la Universidad de Las Tunas hasta ese colegio, y el colectivo de nueve trabajadores asumió la tarea con el compromiso que imponen las actuales circunstancias.

“Dimos el paso al frente porque sabíamos que elaboraríamos alimentos para la parte de la población que cuenta con menos recursos de los consejos populares 4 y 5 -puntualiza el económico-. No fue sencillo. Nuestra unidad es una cafetería de comestibles ligeros y cocinar para 100 personas es otra cosa muy distinta.

“Ofertamos un menú a base de arroz, caldo, ensalada y plato fuerte, ya sea croqueta, huevo, aporreado de pescado o perro caliente. Los costos generalmente oscilan alrededor de los 2.00 pesos (MN), pero con el objetivo de variar, ofrecemos otros platos que pueden tener un precio un poco más alto.

“Contamos con una lista de los beneficiados por circunscripciones, ojalá pudiéramos lograr mayor alcance. De más está decir que cuidamos muchísimo las medidas sanitarias para la inocuidad de los alimentos y nos esmeramos en hacer una propuesta culinaria de calidad”.

CON EL GORRO DE COCINERO

El centro de elaboración le llegó a Alfredo Pupo Machado con la peculiar misión de convertirse de elaborador a cocinero. Y aunque tuviera un aval de la Escuela de Gastronomía, asegura que los primeros días sintió un poco de miedo al enfrentarse al centenario menú, con las peculiaridades de la dudosa calidad del arroz y el punto exacto de la sal. Mas enseguida le agarró la vuelta.

“Pregunte allá afuera por el sabor de mi comida y verá que no le miento”, sugiere Alfredo, que con sus 65 años diariamente va a pie desde Buena Vista hasta "Argüelles".

“Comenzamos a cocinar a eso de las 7:00 de la mañana y antes de las 11:00 ya todo está listo -detalla-. La verdad es que no ha sido fácil porque tenemos que hacerlo con carbón, no han podido abastecernos de gas licuado y eso hace más compleja la faena y castiga mucho el humo”.

CAZUELAS EN MANO

A Sulay Estrada la encuentro, a pleno mediodía, haciendo la colita a las afueras de la cocina. La reconozco enseguida, es una profesora de Voleibol. Con bolsos y pozuelos en la mano me confiesa que hace más de 15 días se dedica a llevarles el almuerzo a la casa a siete adultos mayores con problemas de salud.

“La gente ha acogido esta ayuda con mucha alegría -enfatiza Sulay-, aunque las personas de la tercera edad a veces son caprichosas. Hay que reconocer que no todo el mundo tiene la posibilidad de contar con una comida como esta en su mesa y por eso lo agradecen”.

ELOGIOS Y RECOMENDACIONES A LA CARTA

Entre los consumidores que esperaban para llevar el almuerzo a casa, escuché elogios y recomendaciones muy puntuales. Un señor expuso que se debería comenzar a vender más temprano, “pues a las 12:00 m. es muy tarde, los viejitos están acostumbrados a ingerir los alimentos mucho antes”.

Hay quienes exigieron que rectifiquen las listas y se incluyan casos vulnerable que han sido olvidados. Los más agradecidos reconocieron la buena elaboración, la variedad y el trato cortés de los gastronómicos a cargo.

Hace ya dos semanas, el personal de la cafetería de la Universidad “ha invadido” la cocina del "Jesús Argüelles". Hacen 100 almuerzos en cada jornada y aseguran su disponibilidad de permanecer allí, lidiando con el humo del carbón hasta que sea necesario. De esta manera, ellos también luchan contra la Covid-19.