transfobia 2Las Tunas.- Hoy su día empezó con un ajetreo que ya extrañaba. Se arregló como de costumbre y le echó mano al vestuario blanco que la ronda por su pacto con los orishas y la promesa a Yabó. Unos minutos después ya estaba al teléfono y conectada con el resto de las mujeres que conforman la Red de Lesbianas en Las Tunas.

Hace un tiempo que venía dándole vueltas a la idea. Desde que se sintieron las primeras amenazas del coronavirus en nuestro país, Lázara Gutiérrez quiso involucrar a la cofradía que lidera en este enfrentamiento singular, pero hasta ahora solo habían tenido la oportunidad de interactuar con sus familiares y vecinos, y en ellos habían depositado su mensaje a favor de cumplir con las medidas sanitarias y el distanciamiento social.

Pero hoy no es cualquier fecha. La Covid-19 le arrebató a Lázara y sus compañeras la posibilidad de celebrar como ya es costumbre en Las Tunas y el resto del país, el Día Internacional Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Así que ellas no se quedarían tan tranquilas. Después de unos flashazos y clics, Lázara preparó un collage de fotos de todas las integrantes de la Red, en casa, por supuesto, ataviadas con los nasobucos, y orgullosas de su identidad y orientación sexual.

UNA RED MUY INQUIETA

transfobia 1Lázara me cuenta que llegó por casualidad a ser la líder de la Red de Lesbianas. Ella sintió mucha satisfacción desde el principio, pero la responsabilidad le cayó como un peso insospechado sobre los hombros y desde entonces siempre quiere hacer más, para que la sociedad las vea tal cual son.

“Este año hemos trabajado muchísimo -rememora con optimismo-. Una representación nuestra tuvo la oportunidad de viajar a La Habana a un taller sobre derechos laborales y nos trasladamos a Granma para intercambiar y conocer el funcionamiento de otras asociaciones similares.

“Sobre todo buscamos conocimiento. Nuestra intención es ser parte activa de la sociedad y aportarle a esta los saberes que necesita. Nos gusta trabajar con los jóvenes, hablarles sobre sus opciones y evitarles los malos ratos que muchas de nosotras pasamos por inexperiencia.

“Siempre estamos presentes en las actividades de la Jornada por la No Violencia Contra la Mujer. Nos falta ganar mucho terreno al respecto, pero hoy nos sentimos más fuertes. Me enorgullezco de ver en el contexto actual tantas enfermeras, técnicas, doctoras en la primera línea de combate contra el coronavirus.

“Las 10 integrantes de la Red en Las Tunas hoy vamos a celebrar el día desde las redes sociales. Queremos transmitir alegría y además, paz, tranquilidad y solidaridad, que en estos momentos es como un antídoto contra la epidemia que nos ha tocado de cerca.

“Estamos activas, que nadie dude eso. Y a la distancia de un clic para contestar cualquier duda, dar un consejo, recepcionar criterios y dispuestas a ayudar, siempre a ayudar”.

Lázara trasluce naturalidad. La encuentro en perfecta armonía con el color blanco, pelo cubierto, abanico, chal y los collares que reverencian su religión. Sonríe jovial, fuera de todos los estigmas, y confiesa que ha sido una mujer endemoniadamente discriminada por lesbiana, pero no ha permitido que nadie le pinte de gris su vida.

Me habla de su hija y le resplandece la mirada. La niña se le volvió adulta y ahora le muestra muchas cuestiones que no alcanzó a ver con ojos propios. Ella es su abrevadero y su altar, uno más fuerte, incluso, que el de sus ancestros africanos.

Recuerda el día que supo que la traería al mundo. Por aquella época, sus decisiones comenzaron a mostrarle la sociedad como un espacio donde los que se salen de los roles históricamente establecidos como "correctos", muchas veces son crucificados sin clavos ni madera.Lazara vs homofobia

“Me casé a los 13 años. No tenía ni la menor idea de lo que hacía, pero estaba llena de temor hacia mis padres y no encontré otra manera de enfrentar la situación. Mi papá me prohibió regresar, a los tres meses ya estaba embarazada.

“La relación nunca funcionó bien. Él era mucho mayor y violentaba mis expectativas, machista por demás y no podía entender mis inquietudes. Tuvimos un ciclo vicioso de divorcios y retornos que influyó en mi embarazo, de por sí delicado en el sentido de que era una adolescente sin el suficiente desarrollo corporal.

“Cuando nació mi hija hubo una pequeña tregua con los problemas familiares, pero un año después me separé de su padre definitivamente y volví con los míos. Retomé los estudios, hice cursos de peluquería y me gradué de Técnico Medio en Contabilidad. A los 17 años me casé con un hombre increíble, con un corazón inmenso, solo que por ese entonces descubrí que el mío se me salía del pecho hacia el otro extremo y me cuestioné, por primera vez, mi orientación sexual.

“Para ser clara, me gustó otra muchacha, 10 años mayor. Fue muy difícil de aceptar, no tenía con quién conversar, me sentía enferma, sucia, fuera de lugar, rara, psicológicamente inestable. Siempre he sido de un carácter muy fuerte que heredé de mi mamá. Me replanteé la vida y al mes decidí asumir lo que las hormonas me estaban gritando, muy consciente de que lo que me esperaba.

“La realidad superó mis temores. En mi casa me satanizaron. Mi madre me vociferaba cualquier tipo de ofensas, las más obscenas que alguien pueda imaginarse, y mi papá me golpeó por todas partes. Nunca supe, entre las afrentas y las palizas, cuál dolía más.

“Me botaron del hogar. Con mi pareja tampoco podía quedarme. Su mamá nos aceptaba, pero su hermano era dirigente y se quejaba de que nosotras habíamos puesto su moral por el suelo. Me colaba a escondidas y cuando sentía su carro llegar tenía que meterme debajo de la cama y salir a hurtadillas a cualquier hora de la madrugada.

“Nunca voy a olvidar la ocasión en que mi pareja y yo compartimos un saco y dormimos en un portal, porque ni en su casa ni en la mía podían vernos juntas. ¡Cómo me tocó llorar! Alguna vez hice algo muy tonto. Me tomé un montón de pastillas para no vivir más, estaba cansada de tanta humillación y la verdad, no podía concebir que mi suerte cambiaría. Hoy me arrepiento de eso. Hay que luchar, por muy terrible que pinten las cosas…

“No nos quedó otra que irnos para La Habana. Mira qué dimos tumbos… Al final, una amiga nos dio la mano y empecé a hacer dinero. Recibí golpes duros. Mi hermana murió de cáncer. Me permitieron volver a la casa y pasé con ella sus últimos días. Me pidió que cuidara de sus hijos. Nunca he sentido una opresión tan fuerte en el pecho.

“Desde la capital yo abastecí siempre a mi hija y a mis sobrinos de todas sus necesidades materiales, mochilas, zapatos, ropa y dinero para la comida. Me rompí las espaldas por ellos.

Jornada contra la Homofobia“Cuando decidí regresar a Las Tunas mi hija tenía 12 años. Un muchacho me pretendía y me gustó mucho la manera en que mi niña se emocionó con eso. Decidí empezar un noviazgo aunque él era casado. Para mis adentros yo me cuestionaba que le daba más mal ejemplo a ella con una relación de engaños que con mi condición de lesbiana, pero no me atreví a romper esa supuesta normalidad.

“Estuve embarazada y cuando perdí a la criatura sentí que había sido un aviso ultraterreno. Estaba engañándome a mí misma y a lo que más quiero yo en el mundo. Nunca he sido bisexual.

“Una jovencita de la escuela le dijo a la niña que yo era homosexual. Hasta se pelearon. Esa tarde mi hija me sentó y me pidió la verdad. Yo le conté cada parte. Nos abrazamos y nunca me juzgó, ni me criticó, se portó como si fuera mi madre y le tocara aceptar mi individualidad. Me dio la primera gran lección de esperanza”.

LOS JÓVENES NECESITAN SABER…

Lázara Gutiérrez González ya tiene 45 años, no es la muchachita asustada que no tenía dónde vivir. Confiesa que su tranquilidad llegó el día en que pudo comprar una casa y allí poner sus propias reglas; una indispensable: el respeto.

Comenta orgullosa su afiliación a la Red de Lesbianas, un espacio para desmontar el mito de que las mujeres homosexuales por naturaleza son promiscuas, problemáticas, ejercen la prostitución y demás. Ella y sus compañeras pretenden informar a la población, llegar hasta las zonas rurales donde el conocimiento es más limitado y, sobre todo, ofrecer a los jóvenes la confianza y la asesoría que necesitan para desde cualquier orientación sexual vivir con responsabilidad el amor.

“Me molesta mucho que algunas amigas con más de 50 años no hayan sido capaces de defender su orientación sexual y tengan matrimonios heterosexuales por guardar las apariencias -puntualiza Lázara-.

“Me molesta que aunque se hable tanto de la igualdad de derechos y la gente asuma la posición socialmente correcta, al interior sigan siendo prejuiciosos, que algunas vecinas no quieran saludarme con un beso por el qué dirán.

“Me molesta que la gente no respete la diversidad. Yo soy muy femenina, pero mi pareja actual tiene una identidad más orientada a lo masculino y eso está bien, es su decisión, su vida.

“Me molesta mucho la falsa moral, pero lo que más me duele es que la sociedad piense que por ser lesbiana yo no puedo enseñar, educar, respetar. Justamente, por llevar tantas cicatrices te puedo asegurar que tengo algo que decir y enseñarles a los jóvenes, una lección de vida, para que no sufran lo mismo que yo”.

Comentarios   

# AJ 19-05-2020 12:47
Este artículo es muy necesario, en algunas partes se me llenaron los ojos de lágrimas.
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