
Hoy, 19 de octubre, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Una fecha que en Cuba no es un simple recordatorio. Es una alerta
Las Tunas.- Mariela tenía 19 años cuando su madre murió. No murió de cáncer de mama. Murió de silencio. Porque la mujer que la crió, la que le cosía los uniformes de la escuela y le preparaba el desayuno antes de que amaneciera nunca dijo que estaba enferma.
Lo supo después. Cuando ya no había nada que hacer. Cuando el bulto que se había tocado durante meses en el baño, a solas, con la puerta cerrada, ya se había extendido como un río sin control.
Su madre no quiso asustarla. No quiso preocupar a su esposo. No quiso que la miraran con lástima en el barrio. Así que guardó el secreto y el secreto le costó la vida. Y de paso, dejó a una muchacha de 19 años con una pregunta que no la deja dormir: ¿y si hubiera hablado?
Hoy, 19 de octubre, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Una fecha que en Cuba no es un simple recordatorio. Es una alerta.
En Las Tunas, como en todo el país, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por tumores malignos en la mujer. Lo dicen las estadísticas. Lo confirman las salas de Oncología. Lo saben las familias que han perdido a alguien.
A pesar de las carencias, en Cuba la medicina es gratuita y accesible, cada consultorio tiene un médico y una enfermera de la familia, existen programas de detección precoz y exámenes clínicos de mama, y aún así todavía hay mujeres que se callan. Que no se tocan. Que no van al médico. Que le tienen más miedo al diagnóstico que a la enfermedad misma.
Mariela lo sabe. Su madre no fue la única. En su barrio, en su cuadra, conoce al menos a tres mujeres que hicieron lo mismo, aguantaron y cuando llegaron al hospital, ya era tarde.
¿Por qué callan? Por miedo. Por vergüenza. Porque en la Cuba de hoy, con apagones, con escasez, con días que se hacen cuesta arriba, muchas mujeres priorizan todo antes que su propia salud. El trabajo, la familia, la cola, el transporte. Todo primero que ellas.
El cáncer de mama, detectado a tiempo, es curable. Lo repiten los especialistas hasta el cansancio. Una mamografía a tiempo salva vidas, un autoexamen, una consulta oportuna...
Mariela hoy tiene 26 años. Se toca las mamas cada mes. Va al médico aunque no tenga síntomas. Les habla claro a sus amigas, a sus primas, a sus vecinas. Les dice que no sean como su madre. Les dice que el secreto no protege, que el secreto destruye.
Hoy, la invitación es a romper el silencio. A tocarse. A preguntar. A ir al médico. A acompañar... A no dejar que el miedo gane.
Porque en la Cuba de hoy, donde tantas cosas faltan, hay dos que no pueden faltar: la valentía de una mujer para decir “me pasa algo” y la solidaridad de quienes la rodean para responder “no estás sola”.

