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• Recientemente concluyó el Festival de Apreciación Cinematográfica Cinemazul. En su historia, hay un nombre que destaca por su entrega al desarrollo exitoso de este evento y una de las personas que más enaltece en la provincia el mundo del celuloide

Las Tunas.- En otros tiempos, quién iba a imaginar que existirían las grabadoras como las conocemos hoy, pero ella soñaba con perpetuar sonidos y su mente la llevaba al mar, donde se “atrapaban” el rugir impetuoso de las olas, el aleteo de las aves, las sirenas de los barcos... Sin embargo, no le eran suficientes, necesitaba más... Entonces imaginaba todas las sonoridades y las mezclaba en un filme. Ahora sí podía jugar a su juego favorito; justo ese, al que llamaba “el de las películas”.

Aquel antiguo proyector y la sábana blanca fueron los grandes aliados que usó para jugar al cine. Con la pericia de un escenógrafo ideaba una “casita” que atraía a los niños del barrio. Y, claro, aquello era “con papeletas y dinero imaginario”.

ana ivis cine 3Por eso la pasión de Ana Ivis Rodríguez Leyva hacia el Séptimo Arte no cabe en una entrevista. Ese amor sale de sus poros y se respira en el diálogo. La especialista principal de la sala Titón del teatro Tunas, y quien por alrededor de 25 años ha estado vinculada al Centro Provincial de Cine, es una de las personas que más ha contribuido a sembrar en otros ese gusto por las salas oscuras.

“De niña venía mucho al cine. Mi papá, que jugaba ajedrez al frente, era amigo de una de las acomodadoras y me dejaba a su cargo. Entonces disfrutaba de cuantos filmes quería. En casa me quedaba hasta tarde viendo películas y a veces venía el regaño. Varias todavía suenan incomprendidas en mi cabeza, pero aun así velaba que mi padre se acostara para verlas.

“Cuando estaba en la Secundaria había una especie de cineclub en el museo. Ahí veíamos algunas y en la biblioteca hacíamos un taller literario relacionado con el cine. Luego se abrió la primera sala de video, en la calle Lucas Ortiz, y un grupo de muchachos del barrio nos inscribimos, recibimos un carné y fuimos pioneros en ese sentido en Las Tunas”, cuenta.

Aunque sus primeros estudios estuvieron dirigidos a la Contabilidad, luego hizo la licenciatura en Estudios Socioculturales y en el año 2001 comenzó a trabajar en el Centro del Cine. Pasado un tiempo se incorporó al Departamento de Promoción, que luego se mezcló con el de Exhibición (hoy Departamento Técnico). A partir de ahí Ana Ivis atendió la programación y otras actividades, hasta llegar al corazón de su carrera: la sala Titón.

En los altos del teatro Tunas se encuentra esta institución que, aunque ha tenido sus intermitencias en los últimos años, ella apenas ha sentido las horas pasar. Hablar de la “Titón” no es solo comentar, sino sentir que todas las palabras no bastan para ejemplificar cuántas alegrías le ha traído su labor allí.

Por 15 años ha tributado a distintas actividades, gracias a esa formación que le permite hacer “de todo un poco”. Su trabajo está dirigido, entre otras cosas, a la programación, conservación de los materiales, dar charlas, talleres de apreciación y todo lo relacionado con la temática del cine. La sala es especializada, con un centro de información considerado entre los más grandes del país. Aunque actualmente golpea el hecho de no estar todo digitalizado, ya se ha ganado muchísimo en ese aspecto.

Con orgullo nos comenta que el centro de información de la sala Titón atesora un contenido maravilloso, con expedientes y libros sobre cine, de los cuales Ana Ivis es guardiana fiel. Entre sus pretensiones está aumentar su capacidad para seguir digitalizando materiales fílmicos, conservarlos y organizarlos por temática.

                                 NO HAY PELÍCULAS FEAS NI MALAS, SOLO HAY QUE APRECIARLAS

Ana Ivis admite que quisiera sembrar en todos el amor por el Séptimo Arte visto desde los cines tradicionales, mas reconoce el reto que tiene ante las nuevas tecnologías, la cuales son una fortaleza en muchos sentidos, pero también una comodidad para quienes prefieren ver sus películas desde Internet. No obstante, ella insiste en lo gratificante de las salas oscuras.ana ivis cine 2

“Después de ver un filme y alcanzar esa intimidad que tiene el espectador con el audiovisual, se descubre un universo que envuelve. Esa magia solamente se vive en estos sitios. Y si luego tienes quien te presente la película, como lo hacemos nosotros, tampoco empiezas a verla igual. Ahí dejas de ser un espectador pasivo y te conviertes en uno activo, crítico, con herramientas sobre el lenguaje cinematográfico. No hay películas feas, ni malas, solo hay que apreciarlas”, pondera.

La labor de Ana Ivis y sus compañeros está presente todo el año. Uno de estos momentos es en el verano, cuando viven hermosas experiencias con los niños y todo el esfuerzo va dirigido a mantener una programación amena para ellos.
Su entrega a la cinematografía ha sido encomiable, lo cual la ha hecho merecedora de varios reconocimientos, entre los que destaca el Sello 65 Aniversario del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). No obstante, sus principales alegrías viven en ese disfrute activo entre películas y debates.

Realizada y feliz, sabe que valió la pena haber sido esa niña inquieta, que algunos tildaban de desesperante e hiperactiva, pero que tenía su mundo imaginario y en él podía crear. Sirvió de mucho haber devorado tantos libros de aventuras, leer en voz alta los periódicos y dar aquellos “discursos tremendos”, que hacían reír al vecino.

Entre sus mayores tesoros está esa familia que construyó junto a su compañero de tres décadas. Con dos hijos, un nieto y audiovisuales por ver, debatir, analizar…, Ana Ivis todavía tiene mucho que aportarles al Cinemazul, a la sala Titón y a cuantos quieran aprender sobre cine.

Sin embargo, su mejor “película” es la que hace a diario. Esa que se traduce en derroteros por vencer y el anhelo constante por dignificar cada día más el maravilloso (y quizás incomprendido) Séptimo Arte.

 

 

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