Martes, 19 Marzo 2019 08:12

Una guirnalda para el Tata

Escrito por Juan Morales Agüero
Una guirnalda para el Tata Foto: ReyLópez.

Las Tunas.- El Premio Provincial de Periodismo Rosano Zamora Paadín por la Obra de la Vida estimuló este año al periodista Hernán Bosch Carralero. El currículo del Tata, como lo llamamos cariñosamente sus colegas, inclinó la balanza a su favor entre los otros candidatos. Pasada la euforia por el justo laurel, este colega jubilado, amigo de la pelota y del buen escribir, accedió a exprimirse las neuronas para develar a 26 detalles de su carrera.

-Hernán, háblame de tus orígenes y de tu núcleo familiar.
-Provengo de un hogar humilde de Puerto Padre. Mamá era ama de casa y papá estibador. Al triunfar la Revolución, a él lo hicieron capitán y lo pusieron al frente del Vivac de la ciudad. Casi todo el tiempo permanecía en su trabajo. Me parece verlo de pie, leyendo periódicos bajo un bombillo. Llegaba tan cansado que si se sentaba se dormía.
-¿Qué recuerdas de tus primeros años escolares?
-Inicialmente estudié en mi ciudad natal, tanto en escuelas privadas como públicas. Antes de cumplir los 11 años fui alfabetizador en aquella campaña legendaria de 1961. Al terminar la Secundaria, gané una beca para cursar el Bachillerato en La Habana. Fui un buen estudiante, en especial en Lengua Española, mi materia favorita.
-¿Cómo te vinculaste con el periodismo y a su ejercicio?
-Fue cuando regresé a Puerto Padre, al concluir mis estudios en la capital. Me enteré que había una prueba de ingreso para estudiar esa carrera en la Universidad de Oriente. Me presenté y la aprobé. En 1974 me gradué de licenciado en Periodismo. La AIN se había acabado de fundar y pasé a integrar su corresponsalía en Oriente.
-Me imagino que tuviste bastante trabajo en aquella etapa...
-Entre 1974 y 1977 cubrí para la AIN varias visitas de Fidel a Santiago de Cuba, en compañía de jefes de Estado de otros países, como el canadiense Pierre Trudeau, el angolano Agostinho Neto, el panameño Omar Torrijos, el polaco Edward Gierek, el soviético Alexei Kosiguin... También reporté los recorridos que hacían Juan Almeida y Armando Hart. Ellos eran, por entonces, el delegado del Buró Político del Partido y el secretario de esa organización en Oriente, respectivamente.
-Tengo entendido que en 1977 viniste para Las Tunas...
-Sí, a trabajar en la corresponsalía de la AIN. De esa etapa recuerdo que cubrí la visita que hizo Fidel a la provincia el 20 de enero de 1978. Ese día inauguró la terminal de azúcar a granel en Puerto Carúpano y visitó el Coloso Antonio Guiteras. Años después fui jefe de Redacción de 26, el periódico provincial, que por aquel entonces era diario.
-Como agenciero, ¿tienes preferencia por la nota informativa?
-Aunque la inmediatez le exige a la AIN especialización en la noticia, me encantan también el reportaje, el comentario, la entrevista, el artículo... En estos 45 años de trabajo escribí cientos sobre los más diversos temas. Muchos fueron replicados por otros órganos, como aquel de un aniversario de la muerte de Carlos Marx, publicado por casi todos los periódicos provinciales y hasta por varias embajadas.
-¿Qué atributos debe tener quien se dedique al periodismo?
-Primero, honestidad al escribir y eludir los rodeos y las banalidades. También debe poseer cultura general, que por lo común, se adquiere en los libros. A un periodista no le puede resultar ajena la literatura. Cuando se lee mucho, además de conocer mejor el mundo, se mejora la ortografía y el estilo. Y, ante la duda, consultar. Un buen diccionario suele ser un excelente compañero de viaje para los periodistas.
-¿Sientes que el periodismo y su ejercicio te han hecho feliz?
-¡Pues claro que sí! Eso a pesar de que el corresponsal de las agencias de noticias casi siempre es anónimo, pues su nombre no figura al pie de sus informaciones. Sin embargo, cuando escribes un servicio especial y alguien que lo leyó te felicita en la calle, olvidas eso y te convences de que, en efecto, ¡vale la pena ser periodista!
-¿Esperabas que la UPEC te premiara por la Obra de la Vida?
-No sé si lo esperaba, pero te aseguro que recibirlo a estas alturas de mi vida constituyó una de las mayores alegrías de mi carrera.

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