argibaldo tunas

Las Tunas.- Un acorde te cambia sin saberlo, te mueve las fibras, humaniza. Pero si ese acorde viene acompañado de un alma buena, de esas que cultivan el talento día a día con la consagración de los grandes hacedores, adquiere mayor significado. Encontrar a un hombre que durante 25 años se ha entregado al dominio de un instrumento tan amigo como la guitarra, más que un trabajo, se torna deleite.

Argibaldo Acebo Pérez, el de los ojos nobles y la empatía a flor de piel, el compañero de vida de Aleyvis Araúz (directora del coro profesional Euterpe), el músico, el profe, el padre..., con él conversamos esta vez.

“En casa cuando era niño se oía Radio Musical Nacional; crecí escuchando por un lado música clásica a la que era aficionado mi padre (Argibaldo) y por otro, temas de la Década Prodigiosa que le gustaban a mi hermana. Eso plantó la semilla”.

Sin embargo, fue la madre (Mirelia) quien puso en sus manos la guitarra que cambiaría su vida, tanto así que aún lo acompaña. “Siempre quise ser músico. Durante un año recibí clases de ese instrumento con Bertica Maestre.

“Luego matriculé en Percusión en la escuela vocacional de arte El Cucalambé, pero la subdirectora de Música me preguntó si me gustaría tocar la guitarra y aunque sabía que estudiaba otra cosa, me pidió que la dejara hacer una especie de círculo de interés conmigo en ese apartado…, muy inteligente de su parte, pues eso no existe. No llegué a dar ni una clase de Percusión”.

El colegio, con sus presentaciones dentro y fuera de la institución, fogueó su aptitud.“Mi maestra de Nivel Elemental, Bárbara Milián Zayas, aumentó mi interés por la música clásica, aunque esa vertiente me gustaba desde antes sin saberlo. En clases de Apreciación Musical me percaté de que gran parte de lo que ponían en las audiciones ya lo había escuchado, solo que entonces aprendí quiénes eran sus compositores, nacionalidades, características y otros aspectos”.

EL NIÑO CRECIÓ

Al egresar de ese centro, Argibaldo estudió en las escuelas profesionales de música José White (Camagüey) y José María Ochoa (Holguín). Después entró al Instituto Superior de Arte (Camagüey) e hizo una maestría en Procesos Formativos de la Enseñanza de las Artes, entre otras acciones.

“En 1994 inicié, al unísono, como cantor en Euterpe y guitarrista concertista. En ese calendario, durante una jornada cultural toqué por primera vez como profesional. Uno o dos años después sería mi primer concierto. Fue hermoso”.

Hace una pausa en la conversación y acaricia la guitarra como si escribiera poemas en sus cuerdas. Se sacude el recuerdo y por su garganta, como notas musicales, sale la voz. “Me han marcado varios compositores, entre ellos, Francisco Tárrega (España), Leo Brouwer (Cuba) y Heitor Villa-Lobos (Brasil).

“Cuando me presento ante un auditorio parto de la espiritualidad, pienso que son seres humanos, que tienen alma y van a recibir lo mejor que pueda ofrecerles. Quizás en el público haya una persona enferma y conmigo se sienta mejor”.

Se considera perfeccionista irremediable en el montaje de obras. Exigencia que ha dado frutos en jornadas provinciales y nacionales de concierto, y en eventos como los festejos por el bicentenario de la República del Paraguay (2011) y el II Festival Internacional de Orquestas de Guitarras en Cali, Colombia (2017).

Muy importantes en su vida son sus hijos Alejandro, Lilian y Gabriela. Es un apasionado de la lectura, en especial de libros de Filosofía y la Biblia.Además, adora desempeñarse de profesor en la hoy escuela profesional de arte.

“Mi gusto por la Pedagogía también se lo debo a Bárbara Milián; en sus clases veía que al tocar la guitarra era feliz y quise transmitir eso a otras personas. Incluso, en la etapa escolar impartí lecciones a alumnos de menor edad. También me influyeron los docentes Edel Aguiar y Félix Puig.

“Sé que uno tiene la misión de enseñar técnicamente todo lo que pueda, pero además, sembrar amor por la más bella forma de lo bello como vía de amar al prójimo. Aunque para mí, como para Pitágoras, todo el que hace bien su trabajo de cierta forma hace música”.

El 26 de diciembre, Argibaldo dará un concierto titulado Homenaje, a las 8:30 pm en el centro cultural Teatro Tuyo. Lo dedicará al 80 cumpleaños de Leo Brouwer y al aniversario 45 de la Enseñanza Artística en Las Tunas. Sus palabras nos convocan: “Las personas necesitan la música de concierto. No es tan críptica como para que no la comprendan o, al menos, la entiendan desde el sentimiento y la emoción. Hace poco un vendedor de cilantros me interceptó en la calle y me dijo: ‘Profesor, fui a un concierto suyo y lo disfruté’”. La invitación está hecha…

Y el hombre regresa a su hogar. Lo imagino allí, bajo las tejas y goteras de una casa centenaria, con las luces tenues que prefiere y una vieja taza llena de café. Mientras, la guitarra aguarda los próximos arpegios.

 

 

 

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