Martes, 10 Julio 2018 06:19

Publican datos preliminares sobre igualdad de género en Cuba

Escrito por

Se trata de una encuesta sobre igualdad de género, que desde hace una treintena de años no realizaban en la Isla y fue aplicada en el 2016 por el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), con el apoyo del Fondo de Población, ONU Mujeres, PNUD y otras agencias de Naciones Unidas.

Y aquella mujer con hematomas dirá
resbalé en el viento, me caí en el mar
vuelve a la cocina y se pondrá a ordenar
lágrimas tras cebollas.
Buena Fe

La Habana.- Sol Inés no llora, no se queja, solo aprieta los labios y continúa fregando. Desde la sala todavía le llegan las risas de los amigos de su marido, divertidísimos con las burlas de él, imitándola, cuando ella le pidió dinero para ir a comprar el café.

Si hubiera sido algo aislado, una manera, algo cruel, de divertir a los participantes en el juego de dominó, tal vez no le hubiera hecho tanta mella.

Pero ese y otros peores son los modos con que habitualmente su esposo la trata. Burlarse es lo de menos, el hombre la ofende en privado y en público, como si fuera lo más normal, al más mínimo "error" que ella cometa.

Lo mismo si tropieza mientras van por la calle, que si el café le quedó muy dulce, o si ella le dice que no, que esa noche está muy cansada y no puede más. Para él, según declara a quien quiera escucharlo, Sol Inés será siempre una entretenida, "una chiva con tontera", "una muerta".

Cuando sus compañeras de trabajo le pelean a Sol Inés por aceptar tales tratos, ella siempre se defiende y lo defiende repitiendo "yo sé que él me quiere, caballero; él me quiere. En los cinco años que llevamos juntos, nunca me ha levantado la mano. Sí, yo sé que eso es también maltrato, ¿pero los hay peores, no?".

Aunque se machuca y calla, sin intentar cambiar las cosas en su pareja, esta cubana de 38 años, trabajadora de una pizzería particular en Centro Habana, se apunta entre el 27,9 por ciento de las cubanas que declara haber recibido algún tipo de maltrato físico, psicológico, sexual o económico en los 12 meses previos a la entrevista.

Y la entrevista a que se hace mención no es una más, una cualquiera. Se trata de una encuesta sobre igualdad de género, que desde hace una treintena de años no realizaban en la Isla y fue aplicada en el 2016 por el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), con el apoyo del Fondo de Población, ONU Mujeres, PNUD y otras agencias de Naciones Unidas.

"Por primera vez se obtienen datos acerca de la violencia contra la mujer mediante un estudio nacional, ya que en Cuba existen investigaciones al respecto que han brindado importante información durante muchos años, pero nunca con este alcance", ha asegurado a medios de prensa la doctora Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer (CEM).

Aunque la totalidad de los resultados aún no se han hecho públicos -se espera que así sea en este principio de año, según anunciaron- ya han visto la luz conclusiones parciales de tan valiosísima investigación que trabajó con una muestra representativa de 19 mil 189 mujeres y hombres de 15 a 74 años, repartidos en disímiles territorios del país.

Un 77,6 por ciento de los hombres encuestados y un 80,1 de las mujeres consideraron que la violencia hacia las mujeres se justificaba -entre otras supuestas razones- cuando ella había sido infiel o porque no cumplía con las tareas del hogar.

De ese total, 10 mil 698 fueron mujeres, las cuales constituyeron centro de atención del estudio, estructurado en cinco capítulos y 57 preguntas que abarcaban desde cuestiones socio-demográficas hasta construcciones de género y muchos otros tópicos vinculados con la equidad, la familia, las relaciones de pareja y las violencias varias de que son objeto las cubanas.

De acuerdo con el pensar y decir de la protagonista de este texto, Sol Inés, ella podría inscribirse también entre el 40,5 por ciento de las que declaran que no ya en los últimos 12 meses a ser encuestadas, sino en "algún momento de su vida" han sufrido algún tipo de maltrato.

Que más de la tercera parte de las mujeres estudiadas hagan semejante declaración indica que resta bastante camino por andar, pero que al menos entre sus víctimas, va emergiendo cada vez más conciencia del problema.

De todas formas, aunque el 81,4 por ciento de la población encuestada reconoce que sí existe violencia hacia mujeres y niñas, resulta bien dispar e interesante el modo en que cuantifican esta violencia las entrevistadas: más de la mitad, el 51,8 por ciento la consideran poca; el 29,7, creen que es mucha; un 9,6 dijo que no hay violencia y un 7,9 por ciento no sabe sobre el tema.

Claro que no hay "violenciómetros" para aquilatar en su justa medida la magnitud de la violencia física, económica, sexual o psicológica sufrida. Estas percepciones quedarán siempre mediadas en cada mujer por sus historias personales, familiares y otros tantos filtros; pero quizás debería bastar un único silencio hiriente, un gesto de desprecio o burla, ya ni siquiera una mano alzada, para disparar las alarmas.

De todos modos y a pesar de resultar a veces la más sutil, en las encuestas resultó la más señalada precisamente la violencia psicológica, incluyendo los silencios, el ignorarla o desconocerla, los gritos, el limitarle la relación con amistades y/o familiares, y también amenazas, incluso, de muerte o suicidio, o ambas.

"... No importa si son dos o son cinco (las mujeres violentadas)... Se trata de la laceración de la dignidad, la autoestima, la limitación de su autonomía", aseguraba la doctora Mayda Álvarez.

La encuesta arroja que, en menor medida, relacionan la violencia con agresiones físicas o económicas. Entre estas últimas mencionan, por ejemplo, acusarlas de gastar el dinero destinado a la casa, prohibirles trabajar, negarles dinero, privarlas de objetos y bienes, y controlarles el dinero que manejan o simplemente quitárselo.

Y un marido estampa el puño

Sobre el rostro o el alma blande el puño*

Si tradicionalmente ha sido difícil visibilizar el tema de la violencia en general, más se complica la cosa al intentar circunscribirlo al mundo de la pareja. Aquello de "entre marido y mujer..." pareciera funcionar en este caso como un vidrio empañado que dificulta cualquier asomo.

Tanto es así que, aunque en la indagación la mayoría fue contraria a considerar como algo privado la violencia contra la mujer dentro de la pareja, de todas formas el 39,6 por ciento de ellas y el 43  de ellos sí lo entienden de esa manera: como algo en lo que nadie, ni personas ni instituciones, se debe meter.

En la familia se abonan inconscientemente estereotipos que se heredan de generación en generación, por eso esta célula básica constituye pivote central en el tema de equidad de género.

A pesar de ello, o quizás por ello, un 26,7 por ciento de las mujeres encuestadas que tenían o tuvieron pareja (nueve mil 971 en total) dijeron haber vivido alguna manifestación de violencia en los últimos 12 meses previos al momento de la entrevista, predominando la psicológica. Ello, en tanto el 39,6 por ciento refirió haber sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja en "algún momento de su vida".

Al dar a conocer en diciembre último algunos resultados de la investigación, durante el coloquio de cierre de la XI Jornada por la No Violencia a las Mujeres y las Niñas, organizado por el centro Oscar Arnulfo Romero (CEOAR) y la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), Marisol Iglesias, investigadora del Centro de Estudios sobre la Mujer, comentaba que dicho estudio constataba la supervivencia de mitos, ignorancias y falsas creencias que justificaban y reproducían la violencia patriarcal.

Entre esos mitos que siguen aferrados como marabú al imaginario público, la experta mencionaba el considerar culpable de la violencia al consumo de alcohol por parte del hombre (así lo afirmó el 67 por ciento), el creer que la mujer soporta malos tratos porque le gusta y no porque tiene miedo (60,6), y el pensar que también los hombres son víctimas de violencia por parte de sus parejas (73,3). Esto último, aunque no es mentira, parece subestimar que la cantidad de mujeres víctimas de los hombres es mucho mayor que a la inversa.

El poco conocimiento de los pobladores de esta Isla sobre los abusos sexuales en particular, aflora cuando en la encuesta las respuestas indican en un 27 por ciento que tales desmanes son realizados por desconocidos. En verdad, alerta Iglesias, "estos actos son ejecutados por personas cercanas a la víctima y no necesariamente desconocidos".

Por suerte, de acuerdo con la indagación, no existe un pensamiento mayoritario pretendiendo justificar que los hombres son violentos por naturaleza, pero aun así no faltaron mujeres que atribuyeron "fatalistamente" a causas biológicas esos atropellos perpetrados por hombres.

Aquellos, la minoría, que en la encuesta justificaron la violencia lo mismo hacia mujeres que hacia hombres, esgrimieron argumentos diferenciados de acuerdo al género.

No deja de ser paradójico el contraste entre la voluntad institucional y los mensajes contradictorios que en torno a la violencia y la discriminación de la mujer emiten letras de canciones, videoclips y otros productos comunicativos de difusión nacional.

Iglesias, la investigadora del CEM, detalló que entre quienes justifican la violencia hacia ellas se sustentan en argumentos que van desde porque la mujer es infiel hasta porque incumple con sus "deberes" en el hogar.

Las personas encuestadas que consideran razonable la violencia por parte de la mujer hacia el hombre se asientan en motivos que incluyen por tener relaciones sexuales con otro hombre, por no traer suficiente dinero a la casa, por no saber hacer labores de reparación y mantenimiento en el hogar, por mostrar rasgos afeminados o por no cumplir con las exigencias sexuales de su compañera.

De todos modos, "hombres y mujeres justifican más la violencia hacia una mujer que hacia un hombre", ha subrayado la estudiosa.

Las mariposas marrones y amarillas

Quieren libarle la luz a la bombilla
Y a cabezazos, ya sin antenas
Lanzan pedazos de sombras tristes

Aunque este esperado y necesario acercamiento sociológico al tema de la violencia contra la mujer ha mostrado una mayor visibilidad del asunto y también más condena, también evidencia que "no son todas las que están ni están todas las que son" pues únicamente un 3,1 por ciento de las entrevistadas que fuera víctima de abusos fue en busca de ayuda para sí misma, y un 0,9 lo hizo para otra mujer.

Acudieron en primer lugar, según arrojó el sondeo, a la Policía y Fiscalía, luego a las casas de Orientación de la Mujer y la Familia, a trabajadoras sociales y a otras instancias de la federación; y, por último, a instituciones religiosas.

No pocas de las mujeres violentadas de una u otra manera parecieran desconocer a dónde acudir en busca de socorro, y esta falta de información o de motivación aparece sin duda abonada por siglos de una hegemonía patriarcal cuya hondura no puede ser desterrada solo por dictados institucionales o por la buena voluntad de una parte de la ciudadanía.

A propósito de cuánto acompañan las leyes a las mujeres en el vórtice de la violencia, la vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), Yamila González Ferrer, había declarado en el programa televisivo Mesa Redonda del pasado 6 de diciembre que Cuba precisa de una actualización de leyes enfocadas específicamente en estos asuntos               -Código de la Familia, Código Penal y leyes de procedimiento, entre otras-, pero mientras estas llegan existen instrumentos legales que pueden emplearse por operadores del derecho sensibilizados.

Luego de recordar que la educación a niñas y niños reproduce los patrones que naturalizan la violencia, informó que en el tema en cuestión la UNJC despliega proyectos para capacitar a jueces, fiscales, abogados y asesores jurídicos, entre otros.

A la vez, instó a fomentar una cultura de paz entre las personas, a solucionar conflictos de modo armónico y mediante la comunicación y la negociación, apelando a lo que "nos eleva como seres humanos".

Aunque los resultados, dados a conocer parcialmente, de la Encuesta sobre igualdad de género ratifican que sí existen violencias, disparidades, no es para llevarse las manos a la cabeza.

Sin pretender tapar el sol con un dedo, no puede obviarse que Cuba se apunta desde hace décadas logros que para muchas mujeres del mundo continúan siendo quimeras: desde la legalización del aborto, la posibilidad de la planificación familiar, una licencia de maternidad extensa, el programa de atención materno infantil que sitúa al país entre los de más baja mortalidad infantil del hemisferio, así como políticas de empleo y salarios, de acceso a cargos públicos y de dirección que han tributado al empoderamiento de la mujer en todos los ámbitos.

Ello, sin olvidar los empeños a favor de la educación y cultura, de la seguridad social y de muchas otras aristas que tributan a la calidad de vida de toda la población cubana, donde obviamente queda inscrito y por ende beneficiado, el sector femenino.

Para quienes viven en esta latitud esas conquistas resultan "pan comido", realidades que de tan cotidianas pareciera innecesario recordar. Pero sí que merece hacerlo cuando se echa un vistazo en derredor del planeta y se constata, por ejemplo, que la llamada Agenda 2030 de la CEPAL anda hoy abogando porque las mujeres de la región alcancen autonomía económica con políticas activas de empleo, capacitación, oportunidades, acceso al sistema financiero, ampliación de la protección social y el respeto al derecho reproductivo, entre otros.

En América Latina y el Caribe, por cada cien hombres en condición de pobreza, hay 118 mujeres. La tercera parte de ellas no genera ingresos propios y es económicamente dependiente aun cuando sobre sus hombros recaen mayores cargas de trabajo total que los hombres.

Aunque nada ni nadie pueden indicar que las mujeres siempre tienen que complacer sexualmente a su pareja, un 40 por ciento de las encuestadas todavía piensa que así debería ser.

En esa región de la geografía mundial, una mujer asalariada entre 20 y 49 años y con alta escolaridad, recibe, en igualdad de características y espacio laboral, un salario que es 83,9 por ciento menor al del hombre. A la vez que el embarazo en adolescentes, la violencia de género y el feminicidio -como promedio mueren 12 mujeres diariamente en América Latina y el Caribe- continúan golpeando el rostro femenino del continente.

A propósito de este flagelo que golpea a Cuba y al mundo todo, la doctora, directora del Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la FMC, ha asegurado públicamente que "en la base de esa violencia contra las mujeres están las desigualdades de género, están los estereotipos de género y las concepciones acerca de la masculinidad y la feminidad. Hay que deconstruir formas de pensar, sentir y hacer de nuestras relaciones de género para eliminar la violencia contra las mujeres.

"El primer asunto que hay que tratar para combatir y prevenir la violencia es desmontar las construcciones socioculturales de género que existen en la subjetividad de las personas. Esa subjetividad está haciendo que unas personas consideren que pueden ejercer violencia sobre otras en esas relaciones de poder que describen en su cotidianidad. Esa subjetividad también está justificando la violencia a través de mitos y concepciones tradicionales y patriarcales".

Aunque nada ni nadie pueden indicar que las mujeres siempre tienen que complacer sexualmente a su pareja, un 40 por ciento de las encuestadas todavía piensa que así debería ser.

Los resultados que evidencia la encuesta sobre igualdad de género constituyen sin duda un instrumento más para develar e ir desdibujando estereotipos sexistas, lo cual constituye para Cuba también una de las prioridades en su Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas, efectuada en Beijing en 1995.

Más que llamar la atención sobre el asunto, que ha dejado de permanecer tras bambalinas por ignorancias o mordazas, su solución va por hacerlo de todos y actuar todos en consecuencia.

Cuba, como estado miembro de Naciones Unidas, ratificó a inicios de este julio el cumplimiento de la Agenda 2030 mediante la nueva edición de la campaña Por una vida sin violencia Súmate.

Reflexionar sobre las estadísticas recogidas en este texto pretende ser una contribución a la convocatoria del coordinador de Súmate, Danilo Jesús de la Rosa, quien recordaba en reciente conferencia de prensa que esa "es una iniciativa de un grupo de organizaciones sociales, culturales y de masas comprometidas en crear nuevas oportunidades y fomentar la igualdad y la equidad de géneros".

Y deberá ser así: un accionar conjunto, desde el conocimiento y los afectos, no por decretos o campañas, sino por las mujeres y los hombres cubanos, por sus hijos nacidos y los por llegar, por esta República nuestra que debemos seguir refundando cada día convencidos de que igualdad de género es también sinónimo de libertad, democracia y justicia.

Visto 2824 veces Modificado por última vez en Martes, 10 Julio 2018 11:20
Tomado de Portal CubaSi

www.cubasi.cu | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Lo último de Tomado de Portal CubaSi

Escriba su comentario

Post comentado como Invitado

0
  • No comments found